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La Specialisterne Foundation es una fundación sin ánimo de lucro que tiene como objetivo crear empleo para un millón de personas con autismo/neurodivergentes a través del emprendimiento social, de la implicación del mundo empresarial y de un cambio global de mentalidad.

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“Con 35 años siento que empieza mi vida”

Mar 15, 2024

*Advertencia: esta publicación aborda temas relacionados con el suicidio.

 

– ¿Te encuentras bien? ¿Quieres que revisemos la medicación?

– No, gracias. Estoy bien así.

 

Marco no sabe cuándo fue el último día que dijo la verdad a alguien. Repite como un robot “estoy bien, gracias” cada vez que le preguntan, pero cada día se siente peor. Lleva tres meses ingresado en un psiquiátrico de México por un intento de suicidio. La medicación que le han recetado para el TDAH le calma un poco los nervios, pero las pesadillas son más vívidas que nunca; él es un niño pequeño y está en su casa del norte de México. Se oyen gritos en la habitación contigua. Un vaso quebrándose. Busca a su padre con la mirada pero no lo encuentra. Está solo y tiene frío. Una lágrima empieza a rodar por su mejilla y el padre le dice: “deja de llorar”. El padre solo aparece para recriminarle su dolor. La madre está en un rincón del salón viendo la telenovela de la tarde, con los ojos vidriosos y el llanto atascado en la garganta. “Deja de llorar”, piensa Marco, y en ese momento se despierta.

 

Durante el día, Marco piensa en su situación. Estudió Negocios Internacionales e Ingeniería de Sistemas, pero no fue capaz de acabar ninguna de las dos carreras. Desde que emigró de su ciudad siente que no tiene a nadie que se preocupe por él y lo anime a seguir formándose. “La libertad es peligrosa”, piensa, porque te enfrenta a tus propios miedos. Además, tampoco es capaz de mantener ningún trabajo, y sus amigos lo fueron abandonando a medida que él caía en un pozo oscuro del que nadie quería formar parte. Se sentía otra vez como cuando era pequeño; triste y solo, con la televisión de su madre sonando de fondo como la banda sonora de una vida que no merecía la pena ser vivida. Tenía la sensación de que los demás triunfaban, tenían éxito, sabían cómo actuar en casi cualquier situación o problema que se les presentara, no invertían ningún esfuerzo en realizar tareas de la vida cotidiana. Y para Marco cualquier mínimo obstáculo era un reto imposible de superar. Un enigma incomprensible. La sensación perpetua de que el mundo no estaba hecho para él, a pesar de tener el mismo derecho que cualquiera a habitarlo.

 

Pero lo peor, quizá, fueron los días durmiendo a la intemperie. Cuando llegó al centro de México huyendo de su ciudad y de la violencia de su familia, Marco estuvo un mes viviendo en la calle. No conocía a nadie que pudiera prestarle un alojamiento temporal, y volver con su familia no era una opción. Tuvo que buscar comida en la basura y abrigarse con toda la ropa que encontraba por la calle para sobrevivir al frío de los días de lluvia. Fue entonces cuando empezó a pensar que nada tenía sentido, y que el mundo exterior conspiraba para alejarlo lo máximo posible de la felicidad. Los demás tenían un plan, un propósito en la vida, y el sentía que estaba roto. Esa sensación de vacío e inutilidad le llevaron a un intento de suicidio y al ingreso en el psiquiátrico.

 

***

 

Marco fue diagnosticado con TDAH cuando era joven, pero siempre sintió que “faltaba algo”. Años más tarde consiguió el diagnóstico de autismo y vio que todas las piezas empezaban a encajar. Se reconcilió con su madre, dejó un trabajo que no le llenaba, buscó a un psicólogo especializado que pudiera ayudarlo a conocerse mejor y a reconstruir su vida desde una perspectiva más cariñosa, amable y autocompasiva.

 

Además, Marco cree que su testimonio puede servir para inspirar a otros: “Muchas personas autistas pasan por situaciones difíciles, y, desgraciadamente, hay muchos intentos de suicidio por no saber quienes son. Me gustaría que, gracias a mi experiencia, otras personas se sientan motivadas a buscar un diagnóstico”. Por último, nos ofrece una reflexión: “Creo que la visibilidad de las neurodivergencias y tener más conocimiento del concepto de neurodiversidad salvaría muchas vidas. Yo ahora me alegro de estar vivo, porque el diagnóstico me ha hecho ver que existen otras salidas. Y ahora con 35 años siento que empieza mi vida”.

 

NOTA: si crees que necesitas ayuda por pensamientos, ideaciones o riesgo de conducta suicida, pide ayuda a las personas de tu alrededor o llama al 014, la Línea de la Vida del Gobierno de México.