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El pensamiento dicotómico en el autismo

por | Feb 26, 2023

“Estás exagerando”, “eres demasiado sensible”, “te lo tomas todo como un ataque personal” son frases que algunas personas autistas (no todas, por supuesto) estamos acostumbradas a escuchar. ¿Por qué nos atribuyen, en ocasiones, un “exceso de sensibilidad”?

 

En este juicio intervendrían varios factores: nuestra literalidad, la labilidad emocional (la tendencia de pasar de un extremo emocional a otro de una forma bastante abrupta), la alexitimia (o dificultad de reconocer ciertos estados emocionales) y un concepto llamado pensamiento dicotómico o polarizado, que será el tema de este artículo.

 

El pensamiento dicotómico consiste en conceptualizar el mundo, las experiencias y las relaciones en base a categorías férreas, rígidas y, normalmente, excluyentes u opuestas entre sí. Según esta forma de pensar, es común clasificar a los demás como “amigos o enemigos”, sentir que has fracasado estrepitosamente en una tarea si no has alcanzado la perfección absoluta, o negarte a empezar un proyecto personal si no tienes la certeza de que podrás llevarlo hasta el final.

 

Tener ciertos pensamientos dicotómicos es frecuente en nuestra sociedad (de la misma manera que lo es sentir ansiedad ante una situación desconocida), pero, en la población autista, parece que este porcentaje se incrementa. Esto es bastante lógico, si atendemos a la idiosincrasia autista; la reducción del mundo a ciertas categorías inamovibles es una respuesta adaptativa ante la impredictibilidad de las relaciones sociales, de la ambigüedad que rige en nuestras interacciones con los demás y de la abrumadora cantidad de estímulos que nos rodean.

 

Frustración y desgaste mental

 

Según Aaron Beck, uno de los iniciadores de la terapia cognitiva, los pensamientos reflejan la configuración de una persona acerca de una misma, de su historia, de sus expectativas y de sus emociones y conductas. Por lo tanto, nuestra forma de pensar influye en nuestras emociones, y estas, a su vez, en nuestros comportamientos. Y esto también ocurre de forma inversa: nuestros actos tienen un impacto directo en nuestra configuración mental y en nuestra forma de sentir. Por ello, es muy común que una persona con tendencia al pensamiento dicotómico también experimente cualquier evento con una gran intensidad emocional (sintiendo un dolor auténtico y genuino ante una pequeña discusión, o una euforia desmesurada ante una noticia agradable), y que la expresión de esa emoción sea igualmente polarizada (mediante un llanto desconsolado o dando saltos de alegría).

 

En autismo, el pensamiento dicotómico, a veces, impide apreciar los matices de las interacciones sociales (un comentario negativo hacia nosotros no implica, necesariamente, que esa persona nos odie), y un evento ligeramente positivo puede vivirse con la misma intensidad emocional que una noticia espectacular, sin que podamos establecer una jerarquía de importancia (tanto cognitiva como emocional) entre una experiencia y la otra. Por supuesto, todas las personas autistas somos diferentes, pero es bastante frecuente esta tendencia a vivirlo todo muy intensamente; la emocionalidad neurotípica, por el contrario, no suele alcanzar estos picos de exaltación, y el sentimiento (sea cual sea) también se desvanece más despacio, de una forma menos abrupta. Ambas formas de sentir y pensar son válidas, pero debemos encontrar un encaje entre todos nosotros para convivir de una forma óptima.

 

¿El pensamiento dicotómico, llevado al extremo, puede ser perjudicial? Por supuesto. El constante deseo de invarianza, la exigencia de precisión en las charlas banales, la intolerancia ante opiniones que juzgamos estúpidas o carentes de lógica, entre muchas otras cuestiones, pueden provocar malentendidos sociales y, lo más importante: acarrean consecuencias para la propia persona con esta visión rígida del mundo. Aparecen entonces la frustración o la irritabilidad ante la injusticia (esto no es necesariamente malo, pero provoca mucho sufrimiento), e incluso síntomas depresivos.

 

Hay que aprender a flexibilizar nuestra cognición para sobrevivir y tener paz mental, a comprender que nunca podremos controlarlo todo (este mundo se basa, en gran parte, en reglas implícitas, en códigos y reglas sociales convenidas), pero sin olvidarnos nunca de nuestra propia identidad, y exigiendo también que los neurotípicos tengan empatía con nosotros y hagan un esfuerzo para concretar, ser explícitos, anticiparnos eventos desagradables, calendarizar tareas, y, en definitiva, hacernos la vida un poco más fácil. Porque, al final, sin un esfuerzo mutuo entre todas las personas que conformamos la neurodiversidad del mundo no hay convivencia posible.

 

Hiperfocalización, resolución de conflictos

 

El pensamiento dicotómico forma parte de una manera particular de percibir y sentir, y, por lo tanto, es perfectamente válido. Es cierto que debemos intentar flexibilizar nuestra cognición si vivimos inmersos en malentendidos sociales por este motivo y si, además, nos provoca sufrimiento, pero no debemos estigmatizar a nadie por tener una emocionalidad y una forma de categorizar el mundo que no se adaptan a los estándares neurotípicos. Además, el pensamiento polarizado, como ya hemos visto, responde a una estrategia adaptativa de supervivencia, y también conlleva aspectos positivos.

 

¿En qué beneficia el pensamiento dicotómico a la persona autista? Es, en muchos casos, un gran aliado de la hiperfocalización, de la resolución de conflictos, de la toma de decisiones, de la constancia para lograr objetivos lógicos, plausibles y realistas. Si somos capaces de imaginar las consecuencias extremas de algo que debemos resolver (desechando los matices, los grises, las dudas que enturbian nuestro juicio), nos será mucho más fácil deliberar, escoger una opción que encaje con nuestros deseos más profundos. Además, las personas con este tipo de pensamiento suelen tener muy claros sus gustos y sus preferencias, son coherentes con ellas mismas, defienden la justicia y la honestidad por encima de todo y tienen una gran lógica interna.

 

Por último, comentar una apreciación, muy acertada, del psicólogo Daniel Millán: el pensamiento polarizado suele verse como un déficit o como una característica disfuncional porque se asocia a meltdowns, a estados de abatimiento extremo, a expresiones incómodas de malestar. Sin embargo, este tipo de pensamiento funciona en ambas direcciones, y, por lo tanto, la alegría es igualmente intensa, desbordante, fantástica. Y, en estos momentos de felicidad completa, nadie piensa que tengamos problemas de regulación emocional, o que seamos exagerados, o que nuestra forma de pensar y sentir sea poco válida o desadaptativa.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Beck, A., Rush, A., Shaw, B. & Emery, G. (1979). Terapia cognitiva de la depresión. Desclee de Bouwer. Madrid.

Caballo, V. (1998). Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos. Vol. 2. Siglo XXI. Barcelona. 

Caro, I. (comp.). (1997). Manual de psicoterapias cognitivas. Paidós. Buenos Aires.

Millán, D. (2021). Guía autista: Consejos para sobrevivir en el loco mundo de los neurotípicos. Editorial Lulu. España.

Oshio, A. (2009). Development and validation of the dichotomous thinking inventory. Social Behavior and Personality: an international journal.