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La Specialisterne Foundation es una fundación sin ánimo de lucro que tiene como objetivo crear empleo para un millón de personas con autismo/neurodivergentes a través del emprendimiento social, de la implicación del mundo empresarial y de un cambio global de mentalidad.

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Interseccionalidad: comprender la complejidad de las identidades humanas.

Jun 28, 2024

En 1989, en el artículo «Demarginalizing the Intersection of Race and Sex», Kimberlé Crenshaw introdujo el término «interseccionalidad» para describir cómo identidades múltiples, como la etnia, el género y la clase social, se superponen creando experiencias únicas de opresión, discriminación y privilegio. Su crítica se dirigía también al movimiento feminista, que a menudo ignoraba las problemáticas específicas de las mujeres racializadas, quienes enfrentan discriminaciones no solo como mujeres, sino también como personas negras.

 

Esta reflexión nos lleva a considerar cómo nuestra mente tiende a dividir el mundo en categorías cerradas. Es una necesidad cognitiva, indispensable para comprender la realidad. Sin embargo, las categorías creadas por esta necesidad no deben confundirse con la realidad, en la que interseccionan constantemente, sin límites tan definidos, volviéndose a veces irreconocibles. Debemos reconocer que las categorías son construcciones artificiales, simplificaciones; ignorar esta realidad perjudica cualquier discurso sobre la diversidad e impide la comprensión de una realidad compleja. La diversidad es por su naturaleza interseccional y fluida, no puede ser comprendida completamente a través de modelos rígidos que excluyen a quienes no encajan perfectamente en ellos.

 

Para comprender la variabilidad que también caracteriza a nuestra especie, es esencial evitar atribuir juicios morales a las categorías humanas y observar su intersección, la superposición, reconociendo que una persona puede pertenecer a varios grupos al mismo tiempo. Por ejemplo, una persona puede ser autista y homosexual, inmigrante y negra.

 

No considerar la interseccionalidad significa negar la complejidad de la persona, reducir la experiencia humana a una única dimensión, aplanándola. Este concepto no es excluyente, no quita nada a nadie ni impone abandonar la propia identidad. Al contrario, es una manera más precisa de describir la realidad, es la búsqueda de intersecciones, más que de divisiones.

 

Desde un punto de vista social y político, el concepto de interseccionalidad es una herramienta fundamental para combatir las discriminaciones, reclamar igualdad de derechos y oportunidades, reducir desventajas por un lado y privilegios por otro; es una herramienta para comprender los desequilibrios de poder que están en la base de la exclusión y de las injusticias sociales, y para promover una sociedad más justa para todas y todos.

 

La interseccionalidad no es simplemente una opción, sino una necesidad para comprender y respetar la diversidad, la variedad humana en su riqueza. Reconocer y considerar las intersecciones de nuestras identidades y de las opresiones que a menudo de ellas derivan es el primer paso hacia un mundo en el que cada persona pueda expresar plenamente su ser dentro de una comunidad que reconozca el valor de la diferencia.

 

Intersección de distintas opresiones

 

Existen algunas discriminaciones específicas que están estrechamente relacionadas con el hecho de ser autista. Esto no significa que todas las personas autistas las sufran, pero sí que existe una mayor probabilidad de pertenecer (de manera temporal o no) a una de estas categorías oprimidas porque, tal y como está configurado el mundo, las características autistas chocan constantemente con demandas que no tienen en cuenta su estilo de procesamiento, sus formas distintas de comunicarse, su aprendizaje divergente o su sensibilidad.

 

La opresión más obvia que reciben las personas autistas es el capacitismo; se trata de la discriminación contra las personas con discapacidad. Es un tipo de discriminación estructural, sistémica, mucho más frecuente de lo que creemos. De hecho, es probable que hayamos tenido alguna actitud capacitista alguna vez sin ser conscientes de ello, por ejemplo, tratando a una persona adulta con discapacidad como si fuera un/a niño/a. Muchas de estas conductas las hacemos con la mejor de las intenciones, pero contribuyen al paternalismo, a infravalorar capacidades y a acompañar a las personas desde un lugar que no fomenta la propia agencia.

 

Las personas capacitistas suelen considerar que la discapacidad es un error, algo que la persona debe reparar, esconder u obviar para integrarse mejor en el mundo, en lugar de asumirla como una consecuencia lógica de la diversidad humana. Algunos ejemplos capacitistas podrían ser los estereotipos dañinos, la exclusión en empleo o educación o las barreras físicas o cognitivas para acceder a ciertos espacios, entre muchas otras.

 

Por otro lado, las personas autistas suelen presentar problemas de salud mental, en gran medida por esta interacción constante con un sistema capacitista y hostil. Los datos son abrumadores: siete de cada diez personas autistas [1] desarrollarán un trastorno de salud mental a lo largo de la vida, así como altos niveles de malestar psicológico. Los más frecuentes son los trastornos del estado de ánimo, con un 57%, y los trastornos de ansiedad, con un 54%, pero también podemos incluir una mayor prevalencia de trastornos de la conducta alimentaria, fobia social o trastorno obsesivo compulsivo.

 

Esto nos lleva a una mayor probabilidad de sufrir cuerdismo, un tipo de opresión estructural contra las personas con problemas de salud mental. El cuerdismo presupone la superioridad de los pensamientos, prácticas y experiencias de las personas cuerdas sobre las de las personas locas (NOTA: el propio colectivo se autodenomina “loco” para subvertir el significado peyorativo que históricamente ha tenido siempre esta palabra). Algunos ejemplos comunes podrían ser invalidar la opinión de las personas locas, asociar locura a peligrosidad, negligencias médicas (por asumir que cualquier síntoma es sinónimo de ansiedad, sin tener en cuenta otras opciones), banalizar su sufrimiento, etc.

 

Por otro lado, echemos un vistazo a algunos datos sobre formación y empleo. La presencia de personas autistas en etapas postobligatorias” educativas es muy baja [2]; un 3% en bachillerato, o un 4,57% en ciclos formativos de Formación Profesional. Esto puede reflejar situaciones de abandono y fracaso escolar () a partir de la educación secundaria obligatoria o su emplazamiento en modalidades de educación especial. Además de tener necesidades educativas específicas y requerir de ciertos apoyos y adaptaciones, en este abandono escolar pueden influir las altas tasas de acoso escolar reportadas [por estos alumnos].

 

Por lo tanto, hay muchas personas autistas con formaciones poco cualificadas, debido a la cantidad colosal de barreras que nos encontramos en la etapa educativa. Esto puede llevar a algunas personas autistas, en la vida adulta, a tener que aceptar trabajos precarizados. Además, solo entre el 10% y el 24% de las personas autistas tienen un empleo [3]. ¿Qué ocurre con el resto de personas que no pueden acceder a un trabajo o mantenerlo? Muchas de ellas no tienen independencia económica y/o están en riesgo de exclusión social. Parece que el sistema muchas veces olvida que los/las niños/as autistas algún día crecerán y se convertirán en adultos/as que necesitarán apoyo y acompañamiento.

 

Todo esto puede llevar a un mayor riesgo de sufrir formas de discriminación como el elitismo, el clasismo e incluso la aporofobia. El elitismo implica considerar que los miembros de una pequeña élite (por ejemplo, los estudiantes universitarios) merecen una mayor influencia y consideración que el resto de seres humanos. Por su parte, el clasismo consiste en oprimir a otras personas por tener un nivel educativo, una posición económica o una clase social considerados inferiores por la clase dominante. Y, por último, la aporofobia es el rechazo, la aversión o el temor hacia el pobre o el desfavorecido.

 

Hasta aquí hemos hecho un repaso a las discriminaciones que interseccionan con el hecho de ser autista. Pero, además, si eres una persona racializada, pertecenes a una religión minoritaria, tienes un cuerpo no normativo, eres mujer o perteneces a alguna identidad disidente, entre muchas otras categorías, es más probable que sufras distintos tipos de discriminación. Por último, debemos tener en cuenta que podemos pertenecer a un colectivo oprimido o a más de uno, pero también podemos tener privilegios respecto a otras personas. Y debemos deconstruirnos, revisarnos constantemente y escuchar las vivencias de los distintos colectivos en primera persona.

 

Referencias:

[1] Autismo España. (10 de octubre de 2017). Siete de cada 10 personas con TEA presenta trastornos de salud mental. Confederación Autismo España. Enlace: https://autismo.org.es/siete-de-cada-10-personas-con-tea-presenta-trastornos-de-salud-mental/

 

[2] Autismo España. (Agosto de 2020). Situación del alumnado con trastorno del espectro del autismo en España. Enlace: https://autismo.org.es/wp-content/uploads/2020/09/informeeducacion_situaciondelalumnadotea_0.pdf

 

[3] Autismo España. (27 de abril de 2021). Las personas con autismo son el colectivo de la discapacidad con la tasa más alta de desempleo. Enlace: https://autismo.org.es/las-personas-con-autismo-son-el-colectivo-de-la-discapacidad-con-la-tasa-mas/