SPECIALISTERNE EN EL MUNDO

Red internacional de oficinas

Specialisterne Foundation

La Specialisterne Foundation es una fundación sin ánimo de lucro que tiene como objetivo crear empleo para un millón de personas con autismo/neurodivergentes a través del emprendimiento social, de la implicación del mundo empresarial y de un cambio global de mentalidad.

SPECIALISTERNE FOUNDATION

 
l
l

Los Especialistas: “Ahora sí que iría a ese viaje de fin de curso”

Dic 15, 2023

– No quiero ir a Milán.

– ¿Cómo? ¿Estás seguro? Pasa y siéntate.

 

Jaume está de pie frente a la oficina de dirección de su instituto. Tenía la esperanza de que ese “no quiero ir” fuera suficiente, pero la directora le está pidiendo explicaciones de ese cambio de opinión repentino. Solo Jaume sabe que en realidad no ha sido una decisión impulsiva; lleva semanas encontrándose mal, notando cómo la ansiedad se expande desde su estómago hacia su pecho cada vez que alguien menciona los museos que visitarán en Milán, escuchando cómo los profesores le hablan desde dimensiones lejanas cuando intenta prestar atención en clase. Jaume no está bien, pero no consigue identificar por qué. Solo sabe que está relacionado con ese viaje que le atrae y que le aterroriza a partes iguales.

 

– ¿Qué ha pasado? A ti te encanta viajar, Jaume. Y tus compañeros están deseando que vayas con ellos…

– No estoy tan seguro de eso.

 

No quería hablar mal de sus compañeros, pero se le ha escapado. Jaume aprieta los puños e intenta fijarse en diferentes puntos de la pequeña oficina para esquivar los ojos inquisidores de la directora. Cree que no podrá evitar las lágrimas si ella sigue hurgando en los motivos reales de su renuncia. El despacho es minúsculo y huele a aire caliente y a animal encerrado. Jaume se da cuenta de que la directora lleva un jersey de lana de cuello alto que le alarga la nuca como si fuera un cisne; desde ahí arriba lo analiza, lo observa. Lo juzga. Hay una réplica de El dormitorio de Arlés de Van Gogh justo detrás de la directora. El cuadro está ligeramente inclinado a la derecha; Jaume querría arrancarlo de la pared, alinearlo con el resto de objetos de la sala, gritarle que vuelva a estar recto para que él pueda recuperar el equilibro interior y sus excusas dejen de sonar vagas e infantiles. Pero, en lugar de eso, se queda callado y balbucea algunas incoherencias para salir del paso.

 

– Mi abuela tiene cataratas y necesita ayuda.. y mis padres se quedarán solos en casa… y tengo que darle de comer a los perros…

– Jaume, sabes tan bien como yo que todo esto es mentira. ¿Por qué no quieres ir al viaje? Y no me mientas, por favor.

 

Jaume no puede pensar en un motivo concreto, pero cientos de imágenes se le agolpan en la cabeza sin poder remediarlo; los seis suspensos que lleva acumulados en pocos meses, y la sensación de ser incapaz de interesarse por cualquier asignatura que no sea griego o latín; la vergüenza que sintió cuando fue a la discoteca Opium con sus compañeros y tuvo que irse antes de entrar porque la gente lo empujaba en la cola, y se había dejado sus tapones de cancelación de ruido en casa, y un chico estaba vapeando a su lado y le entraron ganas de vomitar; el hecho de que nadie lo llamara al día siguiente para preguntarle cómo estaba, por qué había desaparecido de la fiesta, cuándo podrían volver a quedar; el miedo a quedarse solo en el patio, o a la salida de la escuela, o en el tiempo de descanso entre clases, y, por lo tanto, la energía desmesurada que destinaba a fingir que hablaba por teléfono, a fingir que leía, a fingir que no se sentía solo. Fingir, fingir, fingir. Estaba harto de fingir. Pero tampoco sabía cómo pedir ayuda.

 

– No sé explicarlo, directora, pero tengo claro que no quiero ir. Gracias por todo.

 

(…)

 

Jaume tuvo que dejar el bachillerato porque solo aprobó tres asignaturas y no podía sostener durante más tiempo ese sentimiento de soledad no elegida. Su familia nunca le recriminó la decisión de abandonar el instituto, y le apoyaron en todo momento para que volviera a confiar en las posibilidades que le ofrecía el mundo. Gracias a ellos, Jaume encontró la fuerza necesaria para apuntarse a un grado de Farmacia, y acabó trabajando en un hospital de cara al público. Aquel chico tímido había conseguido superar sus miedos y abrirse camino en el mundo laboral de una forma mucho más satisfactoria de lo que siempre había creído. Varios meses más tarde, recibió el diagnóstico de autismo, y Jaume pudo comprender mejor algunos de sus rasgos, o de sus reacciones ante determinados estímulos y estresores, y empezó a trabajar en estrategias para sentirse más cómodo con su entorno. Fue a una asociación de autismo y conoció Specialisterne, donde trabaja actualmente como consultor. Jaume cree que, con todo lo que ha aprendido tras el diagnóstico, ahora sí que sería capaz de ir a ese viaje de fin de curso. Y que lo disfrutaría lo máximo posible.