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La Specialisterne Foundation es una fundación sin ánimo de lucro que tiene como objetivo crear empleo para un millón de personas con autismo/neurodivergentes a través del emprendimiento social, de la implicación del mundo empresarial y de un cambio global de mentalidad.

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Los Especialistas: “Alguien me trató bien en el pasado”

Ene 12, 2024

J.J. consulta el reloj por cuarta vez; han pasado solo veinte minutos y ya no sabe qué responder, pero no quiere ser el primero en entregar el examen. Se encuentra en el aula 30.002 de la Universidad Veritas de Costa Rica, junto a otros tres compañeros que también están repitiendo la asignatura “Fundamentos de la fotografía”, del Grado de Cine. Se esfuerza en leer las preguntas una y otra vez, pero las respuestas se le mezclan en la cabeza y forman un ovillo imposible de descifrar. Además, tiene la sensación de que los enunciados de los ejercicios son demasiado abiertos, poco concretos: “Explica las principales técnicas de iluminación”, “Cómo funciona el departamento de fotografía en el día a día de una productora audiovisual”.

 

Tras otros diez minutos eternos, J.J. se levanta de la mesa para entregar el examen. La silla chirría al desplazarse hacia atrás, los compañeros se sobresaltan. El profesor le observa con una sonrisa curiosa. Al ver el papel en blanco, el profesor Luis le hace un gesto de negación con la cabeza: “Piensa más”. J.J. se siente dolido, ofendido: lleva media hora pensando sin parar, calibrando cuál podría ser la respuesta más aproximada a cada una de las cuestiones planteadas, cómo escribir unas ideas que se evaporan en el mismo instante en el que empieza a concretarlas. Vuelve a su silla arrastrando los pies, y pasa el resto del tiempo concentrándose en el tic-tac del reloj de pared para controlar la ansiedad.

 

En el aula solo queda Martín, un chico que nunca se ha interesado por la asignatura y cuyos padres le obligan a terminar el Grado para seguir pagándole las clases de música. Martín entrega el examen y J.J. se queda solo. Solo ante el peligro. Pero, ¿por qué sigue allí si no sabe qué responder? ¿No habría sido más fácil abandonar la prueba a los cinco minutos, nada más empezarla? Luis intuye que J.J. tiene mucho potencial en su interior, pero no sabe cómo expresar todo lo que lleva dentro. Le han repetido siempre que no sabe estudiar ni hacer exámenes, y se lo ha creído tanto que ahora le paraliza cualquier hoja de papel con el logo de la Universidad Veritas impreso en el margen derecho. Luis intuye todo eso porque J.J. lo mira fijamente desde hace un rato, quieto y silencioso como el hielo, como si pidiera ayuda solo con el hecho de aguantar estoicamente más de una hora en esa silla fría y desangelada, luchando contra el deseo de irse corriendo a casa.

 

Luis se sienta a su lado y empieza a hablar con él sobre cine: fundamentos del control de la luz y el color, técnicas de encuadre, el lenguaje de las ópticas… Es una conversación informal, alejada de tecnicismos y de palabras complejas, pero J.J. puede responder las preguntas del profesor con tranquilidad porque no se siente evaluado. De hecho, la situación le recuerda a las interminables horas que pasa en la cafetería con sus compañeros del Grado, debatiendo sobre cámaras, objetivos y las mejores películas de la cartelera. De repente, Luis interrumpe la charla: “J.J., estás respondiendo los ejercicios del examen mientras hablamos. Estás aprobado”. J.J. abre los ojos como platos, sorprendido por el giro de los acontecimientos. “Pero… ¿por qué has hecho esto?”, “Porque yo sé que tú siempre estás atento en clase y que comprendes a la perfección los conceptos de la asignatura. Simplemente he cambiado la forma de examinarte para que sea más accesible para ti”.

 

(…)

 

Veinte años más tarde, J.J. sigue hablando de Luis con mucho cariño: “Cuando me dieron el diagnóstico de autismo, recordé esa situación con Luis y pensé: ‘Oh, qué raro, alguien me trató bien en el pasado’. Y reflexioné sobre la necesidad de tener más profesores que se preocupen por nosotros de esa forma tan genuina. Hace un par de años, Luis falleció, y fue muy emocionante ver la reacción tan bonita de la gente, porque todos le tenían un gran aprecio. Yo ahora tengo una posición de manager en un proyecto de Specialisterne, e intento tratar a mis empleados como me gustaría que me trataran mis superiores a mí. Estoy atento a lo que necesita cada uno de ellos y a cómo se comunican mejor para adaptarme a sus particularidades, ya que, si acepté una posición de liderazgo, es responsabilidad mía cuidar a mis trabajadores. Y Luis fue una gran inspiración para mí en ese sentido. Siempre le estaré agradecido”.

 

Foto realizada por J. J. en honor a su profesor, a través de Inteligencia Artificial (IA).